En el Día Mundial del Medio Ambiente y la reunión del G8...
Martin Mantxo (Ekologistak
Martxaneko kidea)
Esta semana los medios de comunicación centrarán su información en dos
eventos con el medio ambiente como protagonista. Por un lado el día un lado el
día Mundial del Medio Ambiente y por otro la reunion del G8 en Alemania donde la
reunión girará en torno al Cambio Climático, tema al que se opuso el gobierno
USAmericano. Mientras dentro de dos semanas, y tras la reciente asamblea de
accionistas de Repsol YPF, activistas ambientales y sociales se volverán a
movilizar en Madrid en una audiencia prelimanaria a un tribunal popular contra
esta empresa, con la participación de afectados de tierras tan alejadas como las
colombianas. (Esta se celebrara paralelamente a otra en Escocia contra BP el 23
de junio y ora contra la Oxy). En el caso de los primeros, las instituciones nos
venderán verdes propósitos mientras que continuaran con políticas destructoras.
En el caso de la CAV con nuestra dependencia energética enteramente de
carburantes fósiles, con proyectos en agenda como el TAV, SuperSUR, Super
Puerto, Incineradoras, etc, no podía ser más patente. Y en el de la Comunidad
Foral apuntándose ahora al TAV, apostando por la térmica, por pantanos y más
carreteras también. ¡Cuánta hipocresía!. Mientras en el caso del G8 y del
tribunal de Repsol asistiremos a como el pueblo intentará que se oiga su voz y
hacer frente a tanta afrenta.
La reunión del G8 de este año a la que acudirán representatntes de la OMC, el
BM y el FMI tratará en la reunión del G8 es el cambio climático. Desde la
proclama del Protocolo Kyoto, las únicas iniciativas entonces planteadas para
reducir las emisones de carbono que han tenido éxito han sido las que suponen un
gran incentivo económico: los biocombustibles como alternativa a los
combustibles fósiles y los Mecanismos de Desarrollo Limpio (artículo 12 del
Protocolo) con los sumideros de carbono y el comercio de bonos de carbono como
principales propuestas. Estas no sólo son unas falsas formas de paliar las
emisiones de CO2 (y en los dos casos - biocombustibles y sumideros de carbono-
sus efectos van más allá: tala de selva, uso de tierra destinada a alimentación,
desalojo de pequeños campesinos, indígenas, etc) y sus efectos en países
endeudados sino que como apuntamos en muchos casos incluso se usan por las
empresas para presentar una nueva imagen ética y ambiental, y también por otras
empresas para comercializar y procurar beneficios con ellos.
Otro de los temas a tratar en la reunión del G8 es el cambio climático. Desde
la proclama del Protocolo Kyoto, las únicas iniciativas entonces planteadas para
reducir las emisones de carbono que han tenido éxito han sido las que suponen un
gran incentivo económico: los biocombustibles como alternativa a los
combustibles fósiles y los Mecanismos de Desarrollo Limpio (artículo 12 del
Protocolo) con los sumideros de carbono y el comercio de bonos de carbono como
principales propuestas. Estas no sólo son unas falsas formas de paliar las
emisiones de CO2 (y en los dos casos - biocombustibles y sumideros de carbono-
sus efectos van más allá: tala de selva, uso de tierra destinada a alimentación,
desalojo de pequeños campesinos, indígenas, etc) y sus efectos en países
endeudados sino que como apuntamos en muchos casos incluso se usan por las
empresas para presentar una nueva imagen ética y ambiental, y también por otras
empresas para comercializar y procurar beneficios con ellos.
Cada vez que el mercado se pone en peligro por la nueva concienciación de la
gente, llegando esta a veces hasta a influir en el mercado creando nuevas
tendencias, o por la asimilación tras años de repetir la misma cantinela, o
asumiéndose esas demandas por las mismas empresas transnacionales y hasta
presentándose como nuevas propuestas comerciales, que sugieren cambios pero que
sólo consiguen disfrazar sus actividades anteriores y justificar así la
continuidad de su actividad. De esta forma las compañías petroleras y
energéticas han introducido códigos éticos, o nos hablan de sus proyectos
humanitarios en países y comunidades donde realizan labores de extracción
petrolera o incluyen el uso y el desarrollo (limitado…) de energías renovables
en sus actividades o hasta se denominan así mismas ‘verdes’para continuar con
las mismas formas destructivas de extracción/producción y potenciando el consumo
de un elemento que esta causando tantos estragos.
En esta civilzación del petróleo y del automóvil, las empresas productoras de
estos rigen el mercado y con él la política. Las empresas petroleras energéticas
y automovilísticas son por ejemplo unas de las mayores inversoras de ambos
partidos usamericanos, con las consecuencias obvias en ese país y en el resto
del planeta. La industria automovilística y la de los comerciantes de coches
fueron el mayor inversor de Bush -¡cómo no!. En este caso los comerciantes de
coches son hasta más fuertes que los productores con una contribución a Bush de
2,3 millones de dólares mientras que la de la industria fue de menos de 650.000
dólares.
Como se demostró en el no respaldo de la firma de Kyoto por Bush en el 2001,
los presidentes defienden en realidad los intereses de las transnacionales pues
ellas pagaron sus campañas, sus partidos y sus sus políticos algo extensible a
los mandatarios de los demás países del G8 y EU y de las comunidades autonoma y
foral. Los presidentes son realmente votados por las transnacionales que
invirtien en ellos y luego tan sólo refrendados por los ciudadanos.
Lo mismo ha venido pasando con la producción de motores automovilísticos de
bajo consumo de gasolina, algo que no se correponde con un impedimento técnico
sino con el deseo de las compañías de fabricar motores que quemen más y más
petróleo (y extendible a otros tipos de motores patentados pero vetados por esas
mismas compañías). El 7 de febrero del 2007 la Comisión Europea decidió nuevos
límites para las emisiones de CO2 de coches… porque tras diez años de haberse
planteado que los productores las introdujeran de forma voluntaria estos no
habían hecho nada. Más de lo mismo. En 1995 las emisiones media de un coche eran
de 186 gramos de CO2 por km. y en 1996 se creó en la UE una Estrategia
Comunitaria para reducir estas a 120 gm./km. para el 2010 pero vista la gran
resistencia de los fabricantes y los malos resultados se decidió rebajarla a un
25% planteando un objetivo de 140g/km para el 2008. Esta se rebajó a 130 gm./km.
ante esta oposición.
La industria alemana (BMW, Volkswagen y DaimlerChrysler) y las sucursulaes de
las gigantes usamericanas (Ford y General Motors) junto con la ACEA (Asociación
Europea de Fabricantes de Coches) han hecho una campaña de presión muy fuerte
contra esta, alegando el riesgo de cierre de plantas, de puestos de trabajo,
etc. (cuando quieren se preocupan mucho de estos temas!). Se estima que sólo los
grupos de presión relacionados con la industria automovilistica en Bruselas
superan los 70.
Ahora, a los albores de una nueva reunión del G8 para tratar el tema de
calentamiento global (o como sacar buen partido de él), el presidente de la
Unión Europea José Manuel Barroso, plantea al G8 que se establezca una etiqueta
para coches de uso eficiente de gasolina. Y está claro: se establece una nueva
etiqueta y así se crea otro nuevo producto que es atractivo al ciudadano y de
nuevo a consumir, como si la gasolina que vaya a quemar más eficientemente fuera
menos que la producción de un coche (metal, plásticos, esmaltado, gomas,
transporte,etc). Y el cambio supondrá una mejora pero para continuar con este
modelo en el que el coche y la gasolina seguirán siendo claves para la economía
y para la destrucción del planeta. El debate me recuerda al anterior de la
gasolina sin plomo, ya establecida en el mercado pero obviada en la ecuación,
porque aunque nos concentramos en el plomo, o en el CO2 no podemos obviar que la
dimensión del problema es mucho mayor, y eso es lo que no se considera.
Y para añadir leña al fuego tenemos que en esos diez años que se establecía
como objetivo para que la industria automovilística implementase motores
eficientes, estos no sólo no se han introducido, sino que esta industria ha
terminado por imponer un nuevo modelo automovilístico como el de los 4x4 que no
es más que lo opuesto: un modelo más pesado, de más potencia y que consume más
(una media de unos 100 gramos de CO2 x Km más que un coche convencional). Este
coche y otros prototipos de lujo que se han ido diseñando siguiendo la moda
establecida, se han impuesto como un nuevo símbolo de statatus y acaparan
actualmente casi la mitad de la publicidad del sector.
Martin Mantxo
www.fotolog.net/mantxo
www.euskalinfo.org.uk
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